Ciencia y acercamiento humano para no perder de vista la humanización de nuestra atención
Los avances de la medicina han proporcionado herramientas diagnósticas y terapéuticas extraordinarias, pero plantean el riesgo de una deshumanización de la atención médica por hipertecnificación. Este artículo reflexiona sobre la necesidad de rehumanizar la práctica sanitaria, recordando que el sufrimiento del paciente abarca cuatro dimensiones —física, psicológica, social y espiritual— y que los profesionales deben desarrollar no solo competencias clínicas, sino también habilidades comunicativas que permitan conocer a la persona más allá de su enfermedad: sus valores, deseos y expectativas. Frente a un modelo que puede reducir al enfermo a su diagnóstico, se reivindica una medicina que respete la autonomía del paciente y mantenga la cercanía humana como elemento esencial e ilimitado en el cuidado.
El tratamiento del sufrimiento es una prioridad en el cuidado de todos los enfermos y tiene sus raíces en los mismos orígenes de la profesión médica. Ha pasado mucho tiempo, siglos, en los que lo único que podíamos hacer era acompañar y cuidar a quien sufría. Pero los avances de la ciencia médica han aportado herramientas muy útiles para diagnosticar y tratar las enfermedades que hacen sufrir a las personas. También aprendimos a prevenir enfermedades. Aun así, necesitamos también acompañar y cuidar a quien sufre. Es por ello por lo que considero que los tres aspectos de la Medicina, la preventiva, la curativa y la paliativa son necesarias y se complementan.
Cuando intento comprender el pasado leyendo escritos de la medicina antigua, vivo el presente y pienso en el futuro de la medicina, me planteo que talvez tengamos que rehumanizar la atención médica para corregir su deshumanización que, a mi juicio, se está dando a expensas de la hipertecnificación médica.
Somos profesionales a los que quienes sufren nos piden ayuda para aliviar su sufrimiento y, si es posible, curar su enfermedad. A lo largo de mi experiencia profesional he comprendido que cuidar a una persona que sufre es complejo y requiere unas cualificaciones profesionales específicas como son: una competencia clínica probada, habilidades en comunicación y habilidades en toma de decisiones. También he llegado a comprender que cuando la persona sufre, su sufrimiento tiene cuatro dimensiones, la dimensión física, la psicológica, la social y la espiritual. Sin duda alguna, por nuestra formación profesional, nos centramos en la dimensión física o biológica de su sufrimiento, no teniendo en cuenta las otras tres dimensiones. Esto hará que el alivio de su sufrimiento sea incompleto.

Conocemos muy bien la dimensión objetiva de la enfermedad. Pero ¿conocemos a quien la padece? ¿conocemos sus valores? ¿sus deseos? ¿sus expectativas? Me temo que no. Poseemos la competencia profesional ayudada por los avances de la medicina para diagnosticar a tiempo y para aplicar el tratamiento adecuado, incluso, ahora, auxiliados por la salud digital y por la inteligencia artificial. El enfermo claro que desea que empleemos la ciencia para que le curemos o le aliviemos, pero sin olvidarnos de hacerlo con nuestro acercamiento humano para preservar su dignidad.
No debemos olvidar que cuando una persona está enferma, no es sólo un órgano el afectado por los agentes patógenos, por los mecanismos degenerativos o los traumas, sino que toda ella queda implicada, desde su cuerpo hasta su capacidad de pensar y razonar, influida por el dolor o las limitaciones impuestas por la propia enfermedad. Es verdad que cuando estamos más alejados del enfermo porque nos dedicamos a investigar sobre la enfermedad, sobre su control, sobre los posibles tratamientos, no llegamos comprender los aspectos humanos de la enfermedad. No olvidemos que la persona enferma tiene un nombre, una historia, unas costumbres, un entorno que van más allá de sus síntomas, de su diagnóstico y del número de su habitación. Si lo único que nos interesa es la enfermedad, olvidándonos de quien la padece, nos faltará algo para hacerlo del todo bien. El enfermo necesita que nos preocupemos de él, que es quien la sufre.
Las necesidades de los seres humanos en relación con su salud van más allá del simple modelo de curación de la enfermedad. La comprensión del paciente en su modo de reaccionar ante la enfermedad y el sufrimiento exige del médico una actitud enfocada al servicio de la persona. Si no expresamos ninguna emoción en nuestra labor, sino sólo nuestra destreza técnica, tal vez no le podamos ofrecer lo que más necesita la persona enferma que nos pide ayuda.
No nos olvidemos de respetar sus deseos. Buscar el máximo beneficio para el enfermo continúa siendo el motor básico de la práctica médica, pero su voluntad determina ahora la dirección correcta y su límite. Nosotros aportamos nuestro conocimiento científico para valorar la situación, para diagnosticar y para prescribir un trataminto. En definitiva es el enfermo quien aporta su escala de valores, la forma de construir su futuro y su concepto peculiar de salud y de calidad de vida; y esto lo concretará ponderando nuestra indicación médica, aceptándola o rechazándola. Tengamos en cuenta nuestro respeto a su derecho de autonomía.
Para humanizar nuestra asistencia necesitamos no solo aptitudes como profesionales, sino también actitudes para que el enfermo se sienta bien atendido. La Ciencia y la tecnología médicas, muy avanzadas en el siglo XXI, siguen teniendo un límite. Lo que no tiene límite, y esperemos que nunca lo tenga, es la cercanía humana.

Dr. Jacinto Bátiz Cantera
Director del Instituto Para Cuidar Mejor
Hospital San Juan de Dios de Santurce (Vizcaya)
Responsable de Bioética de la SEMG